lunes, 12 de septiembre de 2011

El 41% de los alumnos de la provincia repite al menos una vez

El artículo que firma hoy Pedro Ingelmo en Diario de Jerez no tiene desperdicio. Repasa las cifras del fracaso escolar de nuestra provincia y de sus posibles causas y confiorma el triste dato sobre los NO PRESENTADOS, del que nos ocupamos en este blog. Lean, lean...

El 41% de los alumnos de la provincia repite al menos una vez
Caen los índices de abandono temprano, pero el fracaso escolar sigue siendo uno de los más altos de España • Las bajas tasas de lectura de los escolares, entre las primeras causas

"Ocurrió el primer día de septiembre en decenas de institutos de la provincia. Los profesores de las distintas materias acudieron a las aulas a poner los exámenes de recuperación de septiembre y se encontraron con que en los pupitres no se hallaban ni la mitad de los alumnos suspendidos en julio. Los ausentes eran los que habían renunciado a superar la asignatura. En el verano, lejos de estudiar, habían interiorizado su fracaso o, simplemente, ni habían echado cuenta al asunto. A la semana siguiente, en los 'corchos' de los institutos se contemplaba un interminable listado de 'NP' (No Presentado). Es el retrato de uno de los grandes problemas de la provincia, lo que el propio consejero de Educación, Francisco Álvarez de la Chica, ha calificado en la región como cifras "insostenibles" de fracaso escolar.

La crisis ha detenido la sangría de abandonos prematuros escolares, que en la actualidad se sitúa en una cifra todavía alta, cerca de un 35% cuando hace sólo dos años se rozaba el 40%, muy cerca de Baleares, a la cabeza del problema y donde la actividad turística no hace atractivos los estudios. Si la comparación se hace con el País Vasco, el dato es desalentador. Allí el abandono es del 14%, que es la cifra que Europa considera asumible. Estamos 21 puntos por encima. En cualquier caso, este descenso es un espejismo. Es cierto que la falta de trabajo, sobre todo en el ladrillo, retiene a muchos jóvenes y ha hecho regresar a otros que se marcharon sin terminar sus estudios. Los datos lo avalan. Este año habrá 871 alumnos más en ciclos formativos que el anterior; se han matriculado 230 personas adultas más que el septiembre pasado, en el que ya se alcanzó una cifra record superando las 26.000 personas; los PCPI, programas de cualificación profesional para alumnos con dificultades de aprendizaje ya rozan los 3.000... pero las cifras del fracaso, un término que los pedagogos consideran anticuado, no mejoran. Valga otro dato que podría aplicarse a este hecho: descienden por segundo año consecutivo los jóvenes matriculados en Bachillerato.
El informe del Defensor del Menor entregado el pasado junio en el Parlamento andaluz es una fotografía de la situación. En él se recoge que la provincia sólo es superada por Huelva en los peores índices académicos en Secundaria. Los expertos miden el nivel de las comunidades educativas por el llamado índice de idoneidad, que hace referencia al número de alumnos que se encuentran en el curso que corresponde a su edad. La delegación provincial de Educación acaba de situar en qué punto de idoneidad nos encontramos en el curso que empieza. La primera criba se produce en Primaria, donde la tasa de idoneidad es del 80,7%, un punto peor que la media andaluza. Esto quiere decir que hay un 19,3% de los niños que llegan a Secundaria con algún curso repetido. Pero esta no es la estadística desalentadora. El verdadero problema lo encontramos en el descalabro de Secundaria, la ESO. Es aquí donde el fracaso da la cara, cuando ese 80% que ha dejado el colegio y se incorpora con doce añitos al instituto cae en el primer curso a una tasa de idoneidad al 66%. Son niños que se estampan con un nuevo modelo de enseñanza para el que muchos no están maduros, como demuestra el siguiente descalabro en el segundo curso, donde la idoneidad se va al 59%. Ahí el dato se estabiliza y es el que nos da el resultado final de la ecuación. Cuatro de cada diez niños que inician el recorrido por la educación obligatoria y logran llegar al final, lo hacen con cursos repetidos. Y son los que llegan al final, porque el índice de titulación en la provincia está en el 79,7%, frente al 80,1% de la media andaluza. Ese 20% de no titulados es carne de desempleo de larga duración y de bolsas de pobreza o marginación.

"¿Qué es lo que estamos haciendo mal? Deberíamos preguntarnos qué está haciendo mal la sociedad", reflexiona un orientador de la provincia. Veamos un caso tipo. Sara tiene 18 años. Con muchísimos problemas de comportamiento desde muy niña y desatención familiar, el instituto empezó a ofrecerle todos los recursos con los que contaba: es incluida en refuerzos de las principales asignaturas, en aulas de compensatoria, es atendida individualmente por más de un profesor, incluida la jefatura de estudios, se intentan evitar las expulsiones, pese a que en ocasiones hay sobrados motivos... Con un enorme esfuerzo se logra que la niña llegue hasta 3º de ESO, dentro del programa de diversificación, donde se descafeínan las materias. Sara reacciona a la atención que se le presta, pero no es suficiente. Su rendimiento académico avanza con altibajos. Todo el peso lo lleva el centro, la familia no colabora, es indiferente al evidente riesgo de fracaso de la niña. Sara llega al final de 4º con el tope de edad y el de repeticiones. Está a un paso de la titulación, lo que le supondría la posibilidad de hacer un ciclo formativo de peluquería, que es lo que ella ha comentado al orientador del centro que quiere hacer. Incluso demuestra cierta ilusión por ello, lo que ya es un triunfo dentro de su apatía habitual. La jefatura de estudios incide mucho en junio en lo que tiene que hacer el verano, poca cosa: un trabajo y revisar otras dos asignaturas suspendidas. Incluso la llaman a casa en vacaciones para refrescarle las fechas. El día del examen aparece cuatro horas después de la hora señalada. Los profesores se llevan el gran disgusto, todo el esfuerzo ha sido para nada. Sara no titulará. Por cierto, Sara les comunica, impasible y tan tranquila, la feliz noticia de que acaba de quedarse embarazada.

Este caso es un compendio de todos los mecanismos desesperados que los docentes pueden aplicar para evitar un fracaso escolar, pero pese a todo parece que el fracaso es de ellos. Así lo interpreta la sociedad. En el extenso trabajo realizado dentro de la colección de Estudios Sociales de Fundación La Caixa sobre fracaso escolar, podemos encontrar algunos testimonios. He aquí uno de ellos: "Cursé segundo de la ESO, lo repetí. Y fue como una pérdida de tiempo grande (...) ¡porque no me sirvió para nada el estar allí! Fue, no sé, ¡aburrido!, ¡muy aburrido!, ¡muy aburrido!, era como, ¡uf!, no sé. Fue desagradable, el tener que ir allí todos los días obligado". O este otro: "¡Sí!, ¡sí!, mi idea era acabar los estudios bien. Pero, todo comenzó, no digo cuando uno empieza a querer la… estas cosas. Tener este dinero para sus propias cosas y tal, sin estar pidiéndole a los padres". O este último, que tampoco resultará extraño a los docentes: "Sí, pero el ritmo de la clase se reventaba muchísimo porque, ahí estaba lo mejor de cada casa, digamos. El que nadie estudiaba, el que nadie… el que no tenía nada que hacer y… Yo fui ahí porque yo quería ir. Pero ahí había gente que te decía: 'Y tú, ¿por qué estás aquí?', 'pues porque me ha obligado mi madre a venir', o 'porque no hay otro curso libre para ir', y estaban porque… Se sentaban allí y, pues eso, a lo que hacía yo antes, ¡a reventar la clase! Muchas veces no te dejaban aprender todo lo que podías aprender".

Contra esta situación se han establecido planes de choque. Los inspectores de la delegación cuentan ya con los resultados de las pruebas Escala, realizada a alumnos de 2º Primaria para lograr una detección temprana de nuestras carencias. Las pruebas son reveladoras y los datos son variados, pero destaca uno. "En esta provincia se fracasa porque no se sabe leer. No leen los padres, no leen los hijos... y sin leer ni se puede comprender, ni se puede aprender". En un problema tan complejo, en el que se mezclan condicionantes externos de gran peso y de índole social y económico, la primera causa es tan sencilla como esa.