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viernes, 19 de febrero de 2016

Los 10 reproches de los adolescentes a sus padres

Guía de supervivencia para padres en el momento más convulso de la vida familiar

Amor, comprensión y escucha son el trío ganador, si quiere que el paso de la pubertad a la edad adulta sea lo menos traumático posible

Hace unos días, Beatriz G. Portalatín, publicaba este interesante artículo en El Mundo, cuya lectura recomendamos a padres y madres y también a los profes.

La radiografía más simple y tal vez clara que todos tenemos sobre los adolescentes es que sólo piensan en alargar la hora de llegar a casa, en estar cuanto más tiempo con sus amigos, mejor, en hablar de chicos, de chicas, de hormonas, de sexo y demás variantes y, desde hace algunos años, en estar continuamente conectados a internet (según el Instituto Nacional de Estadística, los jóvenes de 16 a 24 años son, precisamente, los que más usan las redes sociales).
Sin embargo, como todo y como todos, ellos también reivindican una mejor imagen de sí mismos, una que se ajuste a la realidad y que no caiga en los mismos tópicos de siempre: que están en su mundo, que casi no salen de su cuarto, que están como ausentes... Los expertos no dudan en afirmar que la adolescencia es una de las etapas más maravillosas de la vida, incluso la más creativa y enriquecedora. Se trata de una etapa de evolución y de aprendizaje que, al igual que todas, permite avanzar un paso más hacia el equilibrio y la felicidad.
¿Por qué a los padres, les cuesta tanto comprender esta fase de la vida? ¿Por qué hay tantos conflictos? ¿Qué es lo que realmente los hijos reclaman de sus padres y éstos desconocen? "Lo que realmente los adolescentes piden a sus padres esque les quieran exactamente como son ahora", afirma Fernando Alberca, uno de los mayores expertos en Educación del mundo y autor de diversas obras sobre la materia, entre ellas la famosa Todos los niños pueden ser Einstein.
Los chicos han crecido, su cuerpo se ha desarrollado, pero aún no son adultos y necesitan que sus padres se preocupen por ellos con la misma paciencia que antes. Esto es, "demostrar a nuestro hijo el mismo amor que cuando era bebé y teníamos que levantarnos cada tres horas por la noche, o le enseñábamos a hablar o a andar. Ahora, de nuevo, necesitan nuestra atención, aunque sea de otro modo", asegura Alberca.

Aunque a veces los padres sean reacios a creerlo, los chicos saben que están en una fase de cambios importantes para su vida, que están descubriendo cosas, y que ésta es una de las etapas más importantes de su crecimiento. Pese a que no lo reconozcan de viva voz, los adolescentes necesitan de sus padres y, por ello, reclaman de ellos estas 10 cosas. (Como en las matemáticas, en este caso, el orden tampoco altera el producto). "Por norma general, los adolescentes exigenlas mismas cosas de sus padres que éstos de su jefe o superior", mantiene Amador Delgado, doctor en Psicología, profesor, orientador y autor, entre otras publicaciones divulgativas, del reciente libro Mi hijo no estudia, no ayuda, no obedece (Pirámide).

 

1. Sentirse valorados

Todos queremos que nos aprecien y, cuando el jefe nos felicita, nos hace felices. Con los adolescentes pasa lo mismo: "Al sentirse reconocidos mejora su autoestima, se fortalece su personalidad y aumenta la seguridad en sí mismos", señala Delgado.

2. Mayor confianza

Cuando el adolescente siente que se confía en él, asume sus responsabilidades, en cambio, "cuando esto no sucede, se genera tirantez, indecisión e inseguridad", sostiene.

3. Sentirse importantes

Al adolescente le gusta contar para los asuntos de casa, quiere participar también en las dinámicas familiares y que cuenten con su opinión. En ocasiones, si no se involucran más es porque no les preguntan, porque se da por hecho que no les importa, cuando realmente no es así. El joven no debe sentirse un mero espectador de las cosas que ocurren en casa aunque, eso sí, las decisiones finales corresponden a los padres.
4. Mayor flexibilidad en los horarios
La estrella de los reclamos, el top de las discusiones y, por excelencia, el alma máter de las quejas de todo adolescente. "Esta reclamación está en el ADN del adolescente. Ahora bien, tan perniciosa es la rigidez normativa como la falta de límites. Los chicos aborrecen tanto la imposición cómo la dejadez. Lo aconsejable es que, sobre la base de las normas que los padres consideren adecuadas, exista un margen de negociación", apunta Delgado.
Los adolescentes quieren que las normas sean claras, pues lo que más les molesta es la incongruencia. Es decir, "que un día se le castigue o amoneste por un motivo concreto y al día siguiente, por el mismo motivo, no pase nada", explica.

5. Más interés por sus gustos y aficiones

Aunque no lo pida, al adolescente le gusta que sus padres se interesen por sushobbies, que le pregunten por la música que escuchan o las series que ven, pero sin hacer juicios de valor ni ridiculizarles por lo que escuchan. Hay que evitar frases del tipo "no sé cómo puedes escuchar esto, ni es música ni es ná", por ejemplo. "Cada vez que se emite un reproche, se agiganta la distancia entre el adulto y el adolescente", asegura
.6. Aunque ellos no lo digan, pasar más tiempo con sus padres
No se trata de hacer lo que ellos quieran, sino de buscar intereses y espacios comunes.

7. Ser empáticos con ellos, que se sientan escuchados

Si el adolescente se siente tenido en cuenta por sus padres, cuando tenga un problema acudirá a ellos, y no a personas de fuera.

 8. Trasmitirles cosas con ejemplos de su vida y no con palabras

Es decir, "trasmitirles con historias reales, propias o ajenas, cómo se puede lograr lo que le piden", añade Alberca.

 9. Que se les quiera más a ellos que a sus resultados

Estamos en una sociedad en la que se valora únicamente el resultado en vez del proceso, pero es importante que los chicos aprendan que el esfuerzo y el proceso a veces es más importante que los resultados. Sobre todo, en época de aprendizaje.

 10. Que celebren sus aciertos, igual que les enfatizan sus fallos

Todas estos puntos podrían resumirse en uno: que sus padres les aporten seguridad y confianza, la que necesitan para crecer y seguir madurando.

La adolescencia es una época muy marcada por los cambios físicos que ya comenzaron en la pubertad y todos los adolescentes, sean más o menos atractivos, tienen complejos. Y eso es, asegura Alberca, porque aún no han experimentado el éxito con esos defectos. Aunque parezcan seguros, en realidad no lo son. Por ello, es fundamental que les den "esa seguridad y ese amor incondicional que necesitan, que les comprendan y perdonen a lo largo de todo el proceso, que les enseñen cómo hacer las cosas, y les den la motivación necesaria, además del método para hacerlas", señala Alberca.
Lo mismo sucede en materias de sexualidad. No cabe duda de que la adolescencia es una edad clave donde los chicos están descubriendo un sinfín de cosas. Los padres no deben dar la espalda, y tienen que abordar también estos temas. Según expertos en sexología, no se trata de darles la típica charla, sino de aprovechar las oportunidades cotidianas para hablar, por ejemplo, de temas como el amor, el enamoramiento o las amistades. Es mejor no evitar conversaciones e intentar abordarlas con la mayor normalidad.

domingo, 15 de septiembre de 2013

"Niñatos según para qué"

Con este llamativo título, el diario EL PAÍS, publica un interesante artículo sobre los límites de edad que, según las cuestiones, tienen los adolescentes en la actual legislación. Les recomendamos su lectura:

"Irene Matas tiene 16 años y, como todas las adolescentes, se cree muy mayor y muy autónoma. La ley le autoriza a hacer muchas cosas. Puede tener relaciones sexuales, casarse, hacerse un piercing —de hecho, se lo ha practicado a escondidas sin que nadie le pidiera acreditar su edad—, e incluso abortar sin permiso paterno. Sin embargo, no puede votar ni conducir ni comprar tabaco ni alcohol ni ir a la discoteca legalmente. Su amiga, Nora Elorriaga, tiene 14 y quizá no sepa que ya podría hacer testamento, disparar una escopeta de caza acompañada de sus padres y que, si delinquiera, sería responsable penal de sus actos, pero es muy consciente de que aún no puede taladrarse la piel para ponerse un aro en el ombligo.

Su vecino, Nicolás Caraballo, de 18 años recién cumplidos, podría hacer todo eso, menos abortar, obviamente, más lo que le viniera en gana dada su mayoría plena de edad. Sin embargo, no le es posible, de momento y por razones económicas, ni irse de casa de sus padres ni sacarse el carné de conducir, y, desde luego, no tiene ninguna prisa por ejercer su flamante derecho al voto. Irene, Nora, Nico y sus amigos Jorge Lozano, de 15 años, y Laura del Campo, de 17, son, como todos los adolescentes españoles, unos niñatos o unas personas maduras según para qué y para quién.

El anuncio del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, de su voluntad de elevar la edad de consentimiento sexual en España de los 13 a los 16 años ha reabierto el debate sobre la disparidad de edades a las que, independientemente de la mayoría de edad plena, establecida por la Constitución a los 18 años, la legislación permite ejercer terminadas conductas o derechos. Aparte de los 13 años en los que está fijada ahora la edad de consentimiento sexual —lo que convierte a España, junto al Vaticano, en el Estado europeo más permisivo en ese terreno—, hay otras normas que rebajan sensiblemente el umbral de la edad adulta legal.


La Ley de Autonomía del Paciente de 2002, tramitada durante el Gobierno de José María Aznar, permite a los chavales de 16 y 17 años años aceptar o negarse a recibir un tratamiento o intervención médica aun sin permiso paterno, con tres excepciones: la reproducción asistida, la cirugía estética y el aborto. Sin embargo, la vigente Ley del Aborto promulgada por Zapatero autoriza a las chicas de 16 y 17 años a interrumpir su embarazo sin consentimiento de sus mayores, supuesto que Gallardón quiere eliminar. Ambas leyes utilizan la figura del “menor maduro”, supuestamente consciente, responsable y capaz de tomar decisiones que afectan a su futuro, para justificar ese adelanto de la mayoría de edad efectiva en esas tesituras.

Además de la controversia que puede generar el propio concepto, la pregunta que se hacen muchos es por qué ese menor maduro lo es para decidir sobre su salud, y no para votar, conducir, o jugar al póquer en un casino.

Alfredo Oliva, profesor de Psicología Evolutiva en la Universidad de Sevilla, es de los que piensan que, a los 16, se es maduro para casi todo y, “por supuesto”, para votar. “La investigación demuestra que el adolescente de 15 o 16 años tiene unas capacidades cognitivas similares a las del adulto y que, enfrentados a decisiones, digamos en frío, no hay diferencia en la racionalidad de las mismas con los mayores. Sin embargo, tienen menor experiencia y, sometidos a una fuerte carga emocional, en caliente, pueden comportarse impulsivamente, como niños, dado que el área cerebral que controla las emociones madura más tarde”. No parece, sin embargo, que los partidos, más allá de alguna iniciativa de IU, tengan mayor interés en sumar al electorado a los imprevisibles adolescentes de 16 y 17 años.

La filósofa experta en Bioética Victoria Camps, que no fue mayor de edad hasta los 21 años, en la dictadura, tiene “dudas” sobre el concepto de menor maduro. “Da problemas: ¿quién decide que es realmente capaz de tomar esas decisiones trascendentales? Tanto la denegación de tratamientos como el aborto sin permiso son casos tan excepcionales que merecería la pena individualizarlos y no poner una edad de corte sin matizar”. Camps, que se congratula de la subida en la edad de consentimiento sexual, cree que “se confunde dar libertad a los menores con ser moderno o progresista, pero la autonomía no puede ir separada de la madurez”.

Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, célebre por sus sentencias ejemplares —condenó a un acusado a terminar la ESO— pide “coherencia”. “Los 13 como edad de consentimiento era una barbaridad, pero a los 16, es tarde:muchos están ya hartos de hacerlo. Lo suyo sería dejarlo en los 14, que además es la edad de responsabilidad penal”. El juez aboga por la mayoría de edad general a los 18, y “con pocas excepciones” a los 16, “autorizados por los padres que son los responsables”. “Ahora los chicos son más altos y más guapos, pero no siempre más maduros. Y, así, a los 18, no sabemos si sigue siendo inmaduro, pero al menos es mayor”, zanja.

Irene y sus amigos, chavales de clase media, estudiantes de instituto con padres tolerantes, no tienen prisa por crecer. “Tendría más libertad, pero también más responsabilidades, y no sé si compensa”, dice la pequeña, Nora, con lógica aplastante. A todos les atrae más la expectativa de sacarse el carné de conducir que la de votar. Eso sí, las chicas lo tienen claro. En caso de un embarazo no deseado, querrían decidir por ellas mismas: “Es tu futuro el que te juegas, no el de tus padres”.

Más información en el siguiente enlace:

domingo, 14 de abril de 2013

Programa de apoyo a madres y padres de adolescentes



Muchos padres y madres solicitan orientaciones para mejorar las relaciones con sus hijos. Entre los materiales que pueden ayudarnos a encontrar respuestas destacamos esta publicación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía que se ha distribuido en el marco del programa Forma Joven que se desarrolla en nuestro instituto en colaboración con profesionales del Centro de Salud de Montealegre. Les dejamos la presentación y los enlaces a los distintos capítulos.

"El chico y la chica adolescentes están atravesando una etapa de muchos cambios y dificultades en la que tendrán que resolver de forma secuencial muchas tareas evolutivas que son fundamentales para el desarrollo posterior, como desvincularse de los padres, establecer relaciones de amistad y de pareja, o lograr una identidad personal.

Cuando estas tareas se afrontan en un contexto familiar y social favorable caracterizado por el afecto y el apoyo, es probable que el adolescente las resuelva de forma exitosa y salga fortalecido y preparado para iniciar la transición a la vida adulta. Sin embargo, cuando la falta de atención y apoyo, o incluso el abuso y la violencia, caracterizan las relaciones familiares es muy probable que surjan importantes problemas que comprometan seriamente su desarrollo, tanto actual como futuro".


Descargar Programa por capítulos
1.    Fundamentación e implementación del programa. PDF (703 KB)
2.    Los cambios durante la adolescencia. PDF (1791 KB)
3.    Cambios y evolución de la familia. PDF (1336 KB)
4.    Estilos educativos. PDF (2012 KB)
5.    Resolución de conflictos. PDF (1254 KB)
6.    Adolescencia y drogas. PDF (1708 KB)
7.    La implicación de madres y padres en la escuela. PDF (1408 KB)
8.    Adolescencia y sexualidad. PDF (1358 KB)
9.    Problemas de ajuste durante la adolescencia. PDF (1765 KB)
10.  Ocio y tiempo libre. PDF (2421 KB)

Descargar Programa completo
Programa de apoyo a madres y padres de adolescentes. PDF (20275 KB)
-Debido al tamaño del archivo puede tardar en descargarse-

sábado, 5 de mayo de 2012

Estudio sobre los hábitos de los adolescentes en Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS)

La última encuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre conductas saludables de los jóvenes escolarizados ha revelado que España está a la cabeza de los países desarrollados, junto con Canadá, en el consumo de cannabis en adolescentes. En concreto, el 16% de los estudiantes de 15 años admite haber fumado cannabis en el último mes.Este trabajo, que se realiza cada cuatro años en más de 40 países europeos, principalmente, incluye los resultados de más de 200.000 encuestas realizadas a estudiantes de 11, 13 y 15 años entre 2009 y 2010; 5.040 de ellos en España. De este modo, el estudio ha revelado como el 27,5% de los estudiantes admite haber probado alguna vez esta sustancia a los 15 años, tan sólo por detrás de Canadá (33%), República Checa (30,5%), Suiza (29,5%) y Estados Unidos (28%), y muy por delante de países como Italia (19,5%), Portugal (12%) o Alemania (11,5%).
Además, el estudio también detalla un mayor consumo por parte de los chicos, ya que hasta un 30% de los varones de 15 años reconoce haber probado el cannabis, frente al 25% de las chicas. No obstante, cuando se les preguntó a estos jóvenes por su consumo en los últimos 30 días es donde España muestra cifras superiores situándose a la cabeza europea, ya que hasta un 16% admite haber consumido cannabis en el último mes; sólo superado por el 18% de Canadá y lejos del consumo reconocido por otros países, Inglaterra (9%), Portugal (5,5%) o Alemania (4%).  El consumo más bajo en todos los casos está en Noruega, donde sólo un 2,5% de los estudiantes de 15 años dice haber consumido cannabis en el último mes, y un 5,5% lo ha probado alguna vez en su vida.

Consumo de alcohol
El estudio también, ofrece datos sobre el consumo de alcohol en estudiantes. En este sentido, hasta un 6,5% de los españoles de 13 años bebe alcohol al menos una vez por semana, porcentaje que se incrementa hasta un 22,5% en el caso de los jóvenes de 15 años, con cifras similares entre chicos y chicas (23 y 22% respectivamente). No obstante, en este caso España no es de las primeras del lista. El consumo de alcohol en jóvenes de 15 años es mayor en República Checa, Grecia (38,5%), Ucrania (37%) o Croacia. Asimismo, uno de cada tres españoles de 15 años (33,5%) admite haberse emborrachado al menos dos veces en su vida, y la mitad de estos (un 15,5%) reconoce que la primera vez fue a los 13 años o incluso antes. En ambas preguntas, las chicas presentan porcentajes más altos que los chicos, ya que hasta un 36% decían haberse emborrachado un par de veces en su vida (frente al 31% de los chicos) y un 17% debutó antes de los 13 años (frente al 14% de los chicos). Uno de cada cinco fumó su primer cigarrillo antes de los 13 años.

Consumo de tabaco
En cuanto al consumo de tabaco, el estudio muestra que hasta uno de cada cinco estudiantes (21%) admite haber fumado su primer cigarrillo a los 13 años e incluso antes, una edad en la que hasta un 5% admite fumar al menos una vez a la semana.
A los 15 años el número de fumadores crece, ya que hasta un 19% dice fumar al menos una vez por semana, un 23 por ciento de las chicas y un 15% de los chicos. En este último caso, España está en la parte media de un clasificación que lidera Groenlandia, donde fuman el 57% de los niños de 15 años, seguida de Lituania (27,5%), Austria y Letonia (27%), Croacia y Hungría (26%).

Percepción de su peso
El estudio también ha analizado otros factores relacionados con la salud como la percepción de su peso. En este sentido, y atendiendo a su índice de masa corporal, el 17% de los niños de 13 años y el 15,5% de los de 15 años ha admitido padecer obesidad o sobrepeso. No obstante, el porcentaje aumenta cuando se les pregunta sobre si están demasiado gordos, algo a lo que contestaron afirmativamente el 33,5% de los estudiantes españoles de 13 años y el 35% de los de 15 años.
Además, en estos casos la percepción es mucho mayor entre las chicas (45%) que entre los chicos (25%). Por países, Alemania es donde los adolescentes se ven más gordos, tal como reconocen el 44,5 por ciento de los encuestados (y el 53% de las chicas). De hecho, esta mayor preocupación del género femenino por el peso se observa también en el hecho de que un 22% de las chicas de 15 años dice estar a dieta. Un 20% en el caso de España, frente al 5% de los chicos.

Relaciones sexuales
Por otro lado, el estudio muestra que el 21,5% de los españoles ya ha mantenido relaciones sexuales a los 15 años, un porcentaje por debajo del 58,5 de los estudiantes de Groenlandia, del 38% de los de Dinamarca o del 34% de los estudiantes de País de Gales.
En cuanto al método anticonceptivo utilizado a estas edades, el 83 por ciento de los jóvenes españoles utiliza el preservativo mientras que el 5,5% utilizó la píldora anticonceptiva. “La adolescencia es una etapa de la vida crucial, cuando los jóvenes sientan las bases para la edad adulta”, ha asegurado Zsuzsanna Jakab, director regional de la OMS para Europa, que ha criticado las “enormes desigualdades entre países que muestra este informe”…

Fuente:  El Corre web.es

domingo, 1 de abril de 2012

Los adolescentes y el riesgo

EL PELIGRO ES UN IMÁN PARA LOS ADOLESCENTES.
Con este sugestivo título el diario El Pais recoge en su edición de HOY, 1 de Abril de 2012, un interesante artículo de Inmaculda de la Fuente, cuya lectura recomendamos:

"Como una moto. Y sin frenos. Al llegar la adolescencia, el cerebro experimenta un incremento de actividad, una agitación desacostumbrada. Aunque no todas las áreas actúan con la misma intensidad. Iniciada la pubertad, se activa el circuito del placer-recompensa, mientras que el análisis lógico llega más tarde. “Estos cambios pueden verse ya en el cerebro a través de técnicas como la resonancia magnética”, dice Alfredo Oliva Delgado, profesor titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. Una de las áreas más activas, la corteza prefrontal, es también responsable de una progresiva maduración intelectual que solo acaba pasada la adolescencia, “en torno a los 20 años”, añade Oliva. Un desfase que conduce al adolescente a vivir cierta esquizofrenia: el circuito del placer está sobreexcitado, pero la reflexión no entra en sus hábitos. Eso no significa que todo adolescente sea de por sí temerario. Simplemente reacciona de forma inmediata al estímulo, cueste lo que cueste.

Es tiempo de excesos. El mundo empieza a ser suyo y el vértigo les lleva a descubrir los paraísos artificiales, sea Internet y las redes sociales o ese cigarrillo medio clandestino apurado en la esquina del colegio. Un cigarrillo que tal vez se convierta pronto en una rutina y, quizás, una carga. Todo a la vez, y a edades más tempranas. Sea por inexperiencia o impulsividad, el consumo y abuso temprano del alcohol (responsable de frecuentes ingresos de urgencia hospitalaria) y el sexo precoz e inseguro son algunos de los riesgos más obvios que acechan al adolescente. Oliva, sin embargo, matiza: es cierto que cada vez son más precoces, lo que incrementa su vulnerabilidad ante el alcohol y otras drogas. Pero adelantarse no siempre significa engancharse. Empezar a beber más tarde no garantiza tampoco una posterior moderación. E, incluso, “algunos llegan a beber más y a desajustarse durante más tiempo”, indica.

La psicóloga del centro infanto-juvenil SINEWS Macarena Pi Davanzo antepone otros riesgos: “Uno de los problemas de salud más graves a los que se enfrentan hoy los adolescentes son los trastornos alimentarios. En la anorexia, las tasas de suicidio se elevan al 30%. No en vano se trata del trastorno mental que más adolescentes mata”, asegura.

Los trastornos alimenticios van más allá de la moda de estar delgado. “Les llega una insistente publicidad por diversos medios que les empuja a seguir unos estándares de apariencia física bastante más inalcanzables que los exigidos a generaciones anteriores, lo que les provoca una inseguridad profunda”, continúa Pi Davanzo. “A una edad en la que la identificación con el grupo es importante, esa mezcla de inseguridad y exigencia les lleva a tener conductas de riesgo en una sociedad en que parece que todo está permitido. Y en la que los padres han perdido autoridad no de forma consciente, sino porque no saben ejercerla”, agrega.

lunes, 2 de mayo de 2011

La mitad de los padres gaditanos nunca castiga a sus hijos adolescentes

Lo cuenta el diario La Voz (01/05/2011) recogiendo los datos de un informe de la Junta de Andalucía en el que se analiza la educación que lo sjóvenes gaditanos reciben en casa.

Las estadísticas corresponden al informe elaborado por la Junta ‘Educación y Hogares de Andalucía 2010’. El documento pretende dibujar el ‘retrato tipo’ de la formación y atención que reciben los adolescentes andaluces en el marco familiar, partiendo del análisis de aspectos tan diversos como sus expectativas laborales, los motivos por los que se les reprende o si se implican o no en las tareas domésticas. Estos son algunos datos del informe:

44,2 %:  Dedican menos de una hora a estudiar
Casi uno de cada dos adolescentes admite que no dedica ni una hora diaria a deberes o estudios. El 26% dice que sus padres «pasan de sus tareas». En el caso de que lleven malas notas a casa, un 63% recibe «una charla», un 34% «una bronca» y un 7,5%, nada.

56 %: No aspiran a la Universidad
El 60% de los chicos y el 52% de los adolescentes encuestados no tienen expectativas de cursar una carrera universitaria. En un 48% de los casos analizados, los padres consideran que sus hijos merecen una puntuación por debajo del 6 como estudiantes.

38,7 %: Apenas ven al tutor
Casi un 40% de los padres se encuentra con los docentes de su hijo menos de dos veces al año. Los expertos recomiendan, al menos, una visita por trimestre, aunque advierten que el verdadero peligro «es que no acudan cuando se les cita».

38 %: Sin ayuda para los deberes
Un 38% de los jóvenes encuestados para el informe afirma que sus padres nunca los ayudan con los deberes. Los especialistas subrayan que, al margen de la posible desidia, hay falta de tiempo y de capacitación.

Cada dato, por separado, supone una evaluación parcial de la realidad. Todos juntos, sin embargo, apuntan a la misma conclusión: buena parte de los padres de los adolescentes gaditanos no se implican como debieran en la educación de sus hijos. Cuatro de cada diez no los ayudan con los deberes. El mismo porcentaje ve a los docentes o tutores una o dos veces al año como tope. Y el 57,4% no los castiga nunca. La mitad de los chicos, por su parte, dedica menos de una hora diaria al estudio, pero entre tres y cuatro a ver la tele o navegar por Internet. Un 56% de los encuestados admite que no aspira a cursar una carrera universitaria. El 21,8% se conforma con «un trabajo seguro», y el 8,5% únicamente valora el sueldo.


Si quieres consultar más afondo los datos del estudio, pincha este enlace: