Un test de 350 preguntas, así serán las nuevas reválidas.
La evaluación final de ESO podrá pasarse con dos suspensos y valdrá un 30% de la nota.
La que se tendrá que superar en Bachillerato que sustituye a la PAU supondrá un 40%

El proyecto de real decreto por el que se establecen las características generales de las pruebas de las evaluaciones finales -así se llaman en el documento- será debatido el próximo día 15 con las comunidades autónomas. En todo caso, el borrador ya contempla un calendario concreto.
La evaluación final de Primaria se implantará ya este curso, aunque para las otras dos habrá que esperar al 2016-2017. En la práctica, esto supone que la primera convocatoria se realizará en 2017. En todo caso, la prueba de Secundaria de ese año no tendrá efectos académicos, mientras que la de Bachillerato «únicamente se tendrá en cuenta para el acceso a la universidad», según consta en el documento del Ministerio. Es decir, tampoco será necesario en 2017 aprobar esta primera reválida para obtener el título de Bachillerato.
Se celebrarán por primera vez en 2017 aunque no tendrán efectos académicos.
Otra cuestión que se aclara en el texto es el peso que tendrán estos exámenes en la nota final. En el caso de Bachillerato, para tener el título habrá que aprobar la evaluación final y tener una calificación final de esta etapa «igual o superior a 5 puntos sobre 10», señala el borrador. El 60% de esta nota corresponderá a «la media de las calificaciones numéricas obtenidas en cada una de las materias cursadas en Bachillerato».
El otro 40% dependerá de «la nota obtenida en la evaluación final de Bachillerato. Los porcentajes, por tanto, no varían respecto a lo que se venía aplicando hasta ahora, donde las pruebas de acceso a la universidad (PAU) representan un 40% de la nota final.
Sin embargo, el peso de cada parte es distinto para Secundaria. La media de las calificaciones de las asignaturas supondrá un 70%, de manera que el 30% restante será para la nota obtenida en la reválida.
En 2017, la prueba de Bachillerato ya contará para entrar a la universidad.

Por otro lado, los estudiantes tendrán varias oportunidades para aprobar la prueba final e, incluso, para subir nota, al igual que se permite también ahora mediante la fase específica de Selectividad. El documento señala en este sentido que «los alumnos y alumnas que no hayan superado esta evaluación, o que deseen elevar su calificación final de Bachillerato, podrán repetir la evaluación en convocatorias sucesivas, previa solicitud». Eso sí, al final se tendrá en cuenta la calificación más alta, además de que el alumno no tendrá que volver a evaluarse de las materias que ya haya superado, «a menos que desee elevar su calificación final». Y lo mismo ocurrirá para la ESO.
350 PREGUNTAS TIPO TEST EN UN EXAMEN DE TRES PARTES

En primer lugar, tanto los alumnos de ESO como de Bachillerato se examinarán de «las cuatro materias generales del bloque de asignaturas troncales». Esta parte constará de un máximo de 200 preguntas.
La segunda parte evaluará «las dos materias de opción del bloque de asignaturas troncales elegidas por el alumno». Serán 100 preguntas como máximo.
Las últimas 50 preguntas serán sobre la materia elegida por el alumno de las asignaturas específicas. ¿Cómo serán estas preguntas? «En formato de elección múltiple con cuatro alternativas y de respuestas semiconstruidas», aclara el borrador. El formato de «respuesta abierta producida por el alumno» se usará para la evaluación de la «expresión».
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